Introducción

En la Edad Media nos encontramos ante un panorama de segregación y de exclusión. Los cristianos, debido a un contexto de cruzadas y represión, vivieron un período en el que la distinción del otro fue muy marcada. A quienes no entraran en su fe los consideraban herejes y los representaban con mitos y leyendas que terminaban por crear estigmas y estereotipos. Debido a ese elemento de herejía y de exclusión se formó una identidad cristiana, y no solo eso, sino que, además, su rechazo a aceptar otras formas de ver el mundo, otras verdades, llevó a los cristianos a condenar y a ubicar a muchas culturas, según la relación que estas tuvieran con las creencias cristianas. Este fue el caso de los judíos que, desde el siglo X en adelante, sufrieron una persecución creciente a lo largo de Europa.

En este texto, se busca argumentar que, en ese rechazo del cristianismo, en esos mitos y leyendas, los judíos encontraron una identidad. Por otro lado, se busca resaltar que “pensar la herejía nos permite reflexionar el lugar de las verdades y entender que la posesión o creencia en alguna verdad, condiciona las relaciones políticas en un momento determinado”. Esto último para resaltar que la justicia y la construcción de leyes se forma desde la exclusión y el rechazo del otro, como un sujeto que transgrede las normas sociales.

Para analizar este tema me referiré a El mercader de Venecia, una comedia escrita por William Shakespeare a finales del siglo XVI. El mercader de Venecia nos permite analizar la representación y los imaginarios de los judíos en la cultura inglesa del siglo XVI, y paralelamente las características más marcadas de su identidad vista desde la herejía. En la obra se muestran los escenarios en que convivían y la manera en que los cristianos concibieron a los judíos. Además, en la obra se presentan las instituciones encargadas de la ley, no como elementos neutrales de justicia, sino como instituciones que legitiman un orden, una verdad, que se mantiene implícita en la sociedad. La base teórica de esta columna es fundamentalmente los libros La bolsa y la vida de Jacques Le Goff, y Nación, ciudadano y soberano, de María Teresa Uribe Hincapié.

Analizar la exclusión, y en este caso la de los cristianos sobre los judíos, resulta de gran relevancia, pues nos lleva a reflexionar sobre el rol que ocupan los judíos en los medios de comunicación y en la memoria colectiva, y nos permite ver la trascendencia histórica que ha jugado una cultura milenaria condenada a padecer la estigmatización de una cultura cristiana occidental. Se espera que en el ensayo se aprecie la importancia y trascendencia de las ideas en la construcción de la identidad y la memoria colectiva.

El rol de judío en la Edad Media

El judío en la Edad Media es un hereje de nacimiento que llevaba en su sangre la traición al mártir de los cristianos. Además, se les acusaba de proclamar una religión falsa y de tener rituales que rompían las costumbres católicas. A lo largo de la Edad Media fueron rechazados por su naturaleza y creencias impuras. Y en el siglo XVII los protestantes aun los rechazaban y consideraban herejes. Martin Lutero dijo “(…) aconsejo que sus libros de plegarias y escritos talmúdicos, por medio de los cuales se enseñan la idolatría, las mentiras, maldiciones y blasfemias, les sean quitados”. Idólatras, mentirosos, malditos, blasfemos, eran apelativos antiguos con los que se denominaban a los judíos. En una sociedad que se dividía entre amigos y enemigos, el judío era el malo, la carnalización de los pecados, el aliado del demonio, el que negaba a Cristo y por ende, la verdad cristiana. El rechazo que caía sobre ellos les impedía realizar trabajos manuales, debido a que se creía que lo que tocaban era maldito, así como la procedencia de su dinero y propiedades.

Pero después del siglo X, la cultura judía tuvo elementos que en su contexto histórico le dieron un rol muy importante en la sociedad. Esos elementos fueron: el ser un grupo que les incentivaba la lectura y un rechazo por parte de los cristianos en la mayoría de actividades. Esto dio paso para que el judío se convirtiera en una necesidad para la religión cristiana, se dedicaba a la medicina, la jurisprudencia y demás labores intelectuales de la época. En ese entonces nos encontrábamos ante un panorama de anti-judaísmo, impulsado por un rechazo a las religiones no cristianas. La fuerte exclusión hacia los judíos se ve reflejada en hechos como que durante el Concilio de Letrán, realizado en 1215, se estipuló que los judíos debían ir marcados para diferenciarlos de los demás. Hechos como este permitieron a los marcados reconocerse en la exclusión y los llevó a crear sus propios espacios de integración, en donde realizaban sus labores sociales. Estos lugares estaban marcados en el espacio, y los ubicaba en una sociedad que necesitaba controlarlos y recurrir a ellos. Uno de los más importantes es el Rialto, “lo que se podría llamar la Bolsa, donde los mercaderes solían reunirse para hacer transacciones”1. Esos espacios, externos a la religión cristiana, demuestran una identificación, un sentimiento de unión, con los demás excluidos de la religión, en este caso los judíos. Allí, se fortalecían los lazos sociales, que marcaban a sus transeúntes como herejes; sus actos, sus actividades eran motivo de rechazo. En la obra de Shakespeare El Mercader de Venecia al Rialto llegó Antonio, un comerciante cristiano, en busca de Shylock, un prestamista judío en búsqueda de un préstamo. Shylock, en vista de que siempre fue rechazado en la sociedad cristiana, quiso vengarse pidiéndole a Antonio como garantía del préstamo una libra de carne. Al no pedirle dinero Antonio exclamó, “este hebreo se hará Cristiano, ¡hasta es Generoso!”2.

Esos espacios, externos a la religión cristiana, demuestran una identificación, un sentimiento de unión.Ese diálogo esconde un imaginario sobre el judío como un vampiro, chupador de dinero. El contexto histórico de esta información la encontramos en el análisis que hace Jacques Le Goff sobre la Edad Media y el surgimiento del Préstamo. Le Goff describe cómo en la Edad Media no estaba normalizado el préstamo productivo, sino el préstamo consuntivo, entendido como una ayuda a las familias víctimas de una mala cosecha. Eso se debía a que los teólogos medievales aún mantenían la premisa aristotélica de que el dinero no producía nada3. “Los mismos teólogos, en vista del surgimiento del préstamo como algo corriente entre comerciantes, adaptaron las creencias religiosas, y entre las consecuencias de ese cambio de imaginarios, fueron impulsados a crear el purgatorio.”4. La razón era que las creencias religiosas se habían convertido en un obstáculo para el desarrollo de un nuevo sistema económico. Por tanto, la aceptación del usurero se dio gracias a la moderación en la práctica y nuevos valores de la actividad económica5.

Esto último demuestra que, en la práctica, judíos y cristianos podían ejercer el ejercicio del usurero, pero el primero era finalmente la víctima de los rechazos a este tipo de actividad, la razón era su condición de seres anómalos y con impureza moral. En el siguiente texto se demuestra que eran víctimas de una hegemonía de la verdad y vistos como los no-alineados.

En la comedia de Shakespeare, se ve como Shylock reniega de la cosmovisión de los cristianos:

BASANNIO

Podéis Comer con vosotros si lo deseáis.

SHYLOCK

Sí, y oler carne de cerdo y comer en una habitación donde vuestro profeta el Nazareno conjuró a Satanás. Con vos puedo comprar y vender, caminar y charlar y etcétera y etcétera.

Pero no comeré ni beberé, ni rezare con vos.

¿Qué se dice en el Rialto?6

En esta escena se evidencia el rechazo a una serie de símbolos, y de conductas, que representan la cristiandad. El judío se simboliza en lo externo a esos símbolos, forma su identidad en la exclusión y desde allí hace sus juicios de valor, esto es recíproco entre los cristianos y los judíos. Los primeros también hacen lo mismo con los símbolos del judaísmo, es una lucha de poder. Y esto evidencia, como lo dice Hincapié, una lucha de hegemonías7; de dos visiones del mundo, luchando por ser la aceptada por todos.

SHYLOCK
Le odio por ser cristiano
y más aún porque de forma vil y estúpida
presta dinero gratis, haciendo así que la medida
de nuestras ganancias se hunda aquí en Venecia.
Si cae alguna vez entre mis manos,
saciaré ampliamente mi antiguo odio contra él.
Desprecia nuestra santa nación y a mí me injuria
-donde quiera que encuentre mercaderes reunidos-
y a mis negocios, y a mis ahorros bien ganados
calificándolos de usura. Sea maldita mi raza
si llego a perdonarlo.8

En este diálogo, como en ningún otro, se pone en evidencia la lucha entre dos hegemonías, entre dos mundos. Shylock no se identifica solo como mercader, sino que lo hace sobre todo con su raza judía, y el rechazo a aceptar el desprecio que recae sobre él por parte de los cristianos. Sin la existencia de una entidad superior que los reuniera a todos podría desembocar en un conflicto violento y se caerían en un mundo de caos y desacuerdo.

La necesidad de un acuerdo, de la convivencia, en un mundo medieval que empieza a comerciar nuevamente por el mediterráneo, que empieza a conectarse con el resto del mundo y donde empiezan a desarrollarse industrias de comercio, que necesitan prestamos, se dan luces sobre las primeras bases de los Estados Modernos, en donde la justicia ya no media una relación entre iguales, sino que enfrenta distintos imaginarios con la cultura de los cristianos que condicionó la vida por siete siglos. Teniendo en cuenta todos estos cambios reseñados, es muy interesante ver la obra de Shakespeare sobre la Venecia del siglo XIII (una de las ciudades más importantes del Mediterráneo, por su papel comercial, como se enfatiza en la obra), la cual estaba representada por el Tribunal y las leyes, ambas encargadas de velar por el orden. ¿Era necesario que las leyes se presentaran neutrales en una ciudad que reunía distintas culturas en el intercambio? ¿El comercio condicionó las bases de los Estados Modernos? Estas son preguntas abiertas para posteriores investigaciones.

Para finalizar, en el Acto IV del Mercader de Venecia se desarrolla un juicio entre el judío (usurero) y el cristiano (comerciante), en donde se aprecia el papel de las instituciones, no como organismos de imparcialidad, sino como defensores de la verdad y la postura hegemónica, simulando imparcialidad, donde no la hay.

Conclusión

La obra de Shakespeare permite analizar cómo en una sociedad occidental medieval los choques culturales fueron superados por una institución que se encargó de ajusticiar en nombre de la imparcialidad aunque, en realidad, defendía los intereses de una verdad hegemónica, como lo fue el cristianismo.

Por otro lado, se evidencia la manera en que la herejía cumple el fin político de quitarle voz y voto a los enjuiciados, por ser considerados anómalos. Sin embargo, el juicio evidencia un nuevo tipo de política, y nuevas normas, que guían a un nuevo mundo en formación como era el mercantilismo, en donde la ideología católica presentaba trabas al desarrollo del nuevo modelo económico. En ese contexto, apareció el Rialto y los tribunales, como organismos en donde se puede apreciar la lucha entre dos visiones de mundo, en transición a un mundo donde el rechazo ya no era de índole ideológico, sino moral.

En síntesis, la obra presenta un momento de transición entre dos mundos en donde se pasa de una judeofobia a un anti-judaísmo, considerado este último como una serie de impurezas morales, que en esa época aún tachaban al judío. La diferencia de Venecia en el siglo XIII con la Alta Edad Media es que en Venecia se le permitió hablar al judío, aunque aún su postura fuera controvertida y negada. Esta apreciación debe ser analizada con más detalle, y en el análisis de otros encuentros culturales, en donde dos visiones del mundo se encuentran, como hoy en día es cada vez más evidente en espacios cada vez más pequeños. Esto último es un punto de análisis en el presente, pues se muestra que en lugares tan dinámicos como la ciudad, hay diferentes visiones del mundo, que son conflictivas entre sí y en la solución de esos conflictos está el país que construiremos y el futuro que nos tocará afrontar, en el rechazo a otras visiones o en la construcción de una visión común.

Por último, es importante señalar que las instituciones y el lenguaje evidencian una construcción de la identidad, en contraste con un pasado, o con una imagen de barbarie a la que no se quiere acudir, que constituye un antagonista del mundo propio. En esa época se evidencia un total rechazo al otro, pues aceptarlo es una negación de la identidad.

En el estudio de estas instituciones se puede analizar lo castigable y, por ende, lo que se hace y se intenta evitar. Analizarlas nos lleva a inmiscuirnos en cuestiones más profundas, sobre la identidad y el contexto en el que fueron formadas. Hoy vemos cómo la exclusión aumenta los índices de violencia, lleva a que se tomen malas decisiones en los gobiernos, aleja a la gente de los intereses en común, y se crean grupos adentro de las sociedades que, entre más se alejan y se hacen incomprensibles los unos a los otros, aumentan la posibilidad de un conflicto. El análisis histórico hecho en este artículo muestra solo algunos mecanismos por los que se evidencia la exclusión y sus consecuencias para los miembros de una sociedad.

Hoy en día, los judíos ya no son estigmatizados por una mentalidad católica, sino que ahora el concepto de exclusión se ha hecho parte importante de la construcción de ideologías del terror, que hoy gobierna al mundo. Así estamos ante el proceso histórico de formación del antisemitismo, en que ahora el desconocimiento de culturas afuera de Occidente nos lleva a estigmatizarlas y creerlas comparables con el desarrollo en Occidente.

En la actualidad vemos cómo la memoria colectiva y la construcción de imágenes sobre culturas no occidentales enfocan la información y las acciones políticas y militares hacia un único fin: la defensa del bien en contra del mal, la virtud contra el vicio. Esto nos demuestra cómo hoy en día seguimos manejando un mundo de interpretaciones toscas, que intentan dividir el mundo en dos, dividiendo lo indivisible, dividendo al mundo en categorías, y defendiendo y luchando en nombre de esas categorías. Un ejemplo es la guerra en Oriente Medio y la manera en que se enfoca la información. Es bueno cuestionarnos y preguntarnos ¿qué información recibe la gente por medio de los canales clásicos de comunicación? y ¿cuál es el rol de la memoria colectiva en las decisiones sobre “justicia”?

  1. William Shakspeare. El mercader de Venecia. (Madrid: Letras Universales, 1598) 63.
  2. Shakespeare, El mercader, EscenaII, Acto I.
  3. Gabriel Tortella. Introduccion a la Economía para historiadores.(Madrid: Tecnos, S.A,. 1997.) 101.
  4. Jaques Le Goff. La Bolsa Y la vida. (Barcelona: Gedisa,1986) 96.
  5. Jaques Le Goff. La Bolsa Y la vida. 100
  6. Shakespeare, El mercader, escena II. Acto I.
  7. María Teresa Uribe de Hincapie. Nacion, Ciudadano y Soberano. (Medellin: Corporacion REGION, 2001) 22 & Comisión Histórica del Conflicto y sus víctimas. Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia. (Bogotá: Desde Abajo. 2015)
  8. Shakespeare, El mercader, Escena II, Acto I