La historia convencional de Estados Unidos es una historia tradicionalmente monocromática: de color blanco, como la piel de los europeos. Sólo hasta hace pocas décadas han aparecido historias del continente norteamericano en donde se presentan las pieles negras y rojas ya no como subordinadas de la blanca, sino a la par de ésta. Pero por mucho tiempo, las perspectivas de los nativos americanos han sido subyugadas a la perspectiva del hombre blanco.

En 1853 el Jefe Seattle, líder de las tribus Suquamish y Duwamish, realizó un discurso, dirigido al gobernador del estado de Washington y al presidente de los Estados Unidos, en respuesta al intento del gobierno federal de confinar a estas tribus indígenas en reservas indias. Este discurso es tomado por la cultura popular como un símbolo de resistencia indígena, y para algunos bilingües grupos izquierdistas y ambientalistas, como una crítica al sistema capitalista extractivo. Una búsqueda rápida por Internet puede dar cuenta de que no existe una sola carta del Jefe Seattle, sino por lo menos cinco, totalmente distintas, aunque todas adjudicadas al mismo personaje y al mismo momento histórico. ¿Cómo se explica que existan versiones tan dispares de la misma fuente histórica? Al parecer, las palabras que pronunció Seattle han cambiado según la imagen de lo “indígena” que crea cada contexto político; para este caso, particularmente el de finales del siglo XIX y los años 70 del siglo XX.

Este discurso es tomado por la cultura popular como un símbolo de resistencia indígena, y para algunos grupos izquierdistas y ambientalistas, como una crítica al sistema capitalista extractivo. Una búsqueda rápida por internet puede dar cuenta de que no existe una sola carta del jefe Seattle, sino por lo menos cincoBasta con comparar dos versiones de la carta para dar cuenta de eso, la transcripción más antigua, de 1887 hecha por Henry Smith, y la más reciente, por el profesor universitario Ted Perry, para un documental ambientalista en 1971. A pesar de que Smith estuvo presente el día del discurso, él no sabía la lengua que hablaba Seattle. Sumado al hecho de que publicó la transcripción 30 años después, lo más probable es que el discurso dé cuenta más de la perspectiva de Smith sobre Seattle que del discurso en sí mismo. La versión de Perry no tiene ninguna pretensión de referirse al personaje histórico de Seattle; él coge el nombre del jefe indio y construye un relato que guarda poca relación con el contexto del discurso original.

Seattle, el buen salvaje

“How can you buy or sell the sky, the warmth of the land?”1«¿cómo puedes comprar o vender el cielo, el calor de la tierra?».Es la frase con la que inicia la versión de Perry (1971) del Jefe Seattle. Desde el primer momento, la carta de Perry da cuenta de la relación de la cultura indígena con su entorno, y enfatiza en una crítica derivada de ella hacia el capitalismo por intentar volverlo todo una mercancía. Lo primero que hay que notar es que en esta versión del discurso aparece una sacralización de la naturaleza, una versión romantizada de la relación de las culturas nativas con su ambiente. Se afirma posteriormente que “for whatever happens to the beasts, soon happens to man. All things are connected”«Porque todo lo que les suceda a las bestias, pronto le sucede al hombre. Todas las cosas están conectadas». Para Denise Low2, la nostalgia por la naturaleza es el centro del discurso de Perry, que en versiones anteriores de la carta, no aparece.

Existen muchas referencias a debacles ecológicos por los que el Jefe Seattle jamás se preocupó. Como se sabe, entre 1870 y 1890 la expansión hacia el oeste provocó la casi extinción de los Bisontes americanos, producto de la caza descontrolada. Entonces, no tiene sentido que, si aquella preocupación sobre este animal aparece hacia finales del siglo XIX, en 1853 Seattle escribiera de su extinción. La carta del jefe Seattle escrita por Perry en la década del 70 tiene como intención hacer una oposición entre una hipotética cultura prístina indígena, y un desarrollo tecnológico que es causa de la decadencia de la cultura occidental.

Aparece la figura de Seattle mediada por el “mito del buen salvaje”, en el que los indígenas americanos mantenían una relación armoniosa con la naturaleza3. La creencia en el buen salvaje dice que los “primitivos” al estar más cerca de su condición natural, son seres más bondadosos. Si bien este lugar común se construyó en la época del “descubrimiento” de América, el proyecto ecologista lo retoma como una figura ficticia en la que el hombre podía vivir en un estado en el que no contaminara la naturaleza. Esto además da la imagen de una cultura nativa estancada en el tiempo, en la que luego de su destrucción por la civilización occidental, el indio americano hace parte del pasado de Estados Unidos, y no de su presente.

Seattle, el indio muerto

El discurso de Smith de 1887 podría ser considerado por algunos como más “auténtico” por su cercanía temporal. Sin embargo, si se le hace una lectura crítica tal como la hizo Crisca Bierwert, encontramos sesgos particulares de la interpretación que hizo Smith sobre Seattle. En primer lugar, la carta tiene una intención clara de ubicar al indio americano en la historia del país, y no en el presente como un agente social.

And when the last Red Man shall have perished, and the memory of my tribe shall have become a myth among the White Men, these shores will swarm with the invisible dead of my tribe, and when your children’s children think themselves alone in the field, the store, the shop, upon the highway, or in the silence of the pathless woods, they will not be alone4.Y cuando el último Hombre Rojo haya perecido, y la memoria de mi tribu se vuelva un mito entre el Hombre Blanco, estas costas se llenarán con los muertos invisibles de mi tribu, y cuando los hijos de sus hijos se piensen solos en los campos, en la tienda, en el almacén, sobre la autopista, o en el silencio de los bosques, no estarán solos

El indio que Smith quiere representar es el indio muerto, una cultura ancestral y con valor, pero que ha dejado paso para que otras culturas tomen su lugar. Para Bierwert, la intención de Smith es crear un lazo de continuidad entre los antiguos pobladores del noroeste de Estados Unidos y los nuevos colonos que expandían la frontera, pues el espíritu de los Suquamish protegería a los nuevos habitantes blancos. El Jefe Seattle es un personaje que parece defender ante todo la negociación y la alianza de los indígenas con la cultura occidental. Seattle simboliza entonces la rendición pacífica de los pueblos indígenas al gobierno estadounidense, en la que los indígenas se moverían a las reservas sin problema pues la oferta era “apenas justa” para ellos.

Seattle, el muñeco de ventrílocuo

Al final, cada época histórica tratada comparte el hecho de que ha utilizado una determinada imagen de las culturas originarias de América para poner en una posición social particular a los indígenas. El discurso de 1887 buscaba, por un lado, unidad entre los diferentes conflictos inter tribus en las reservas, y por el otro, pretendía convencer a los Suquamish que todavía no habían querido trasladarse a la reserva a hacerlo. En cuanto a la versión de Perry, es evidente que su intención era levantar una crítica al capitalismo desde la ecología, aprovechándose de la figura histórica del Jefe Seattle.

En cualquier caso, estas falsas atribuciones reflejan un elemento importante de la forma de narrar la historia oficial de Estados Unidos: se adoptan personajes y se les ponen falsas palabras para que aquellos seres exóticos digan lo que le conviene al hombre blanco, sin pensar por un momento cuáles son sus verdaderas preocupaciones y posibilidades de agencia. Detrás de las cartas de Seattle está el problema de cómo integrar a los grupos indígenas en las narrativas históricas. Hoy, la romantización el pasado indígena, si bien es una posición política para oponerse al capitalismo, no deja de simplificar esas otras culturas, aquellas que ingenuos movimientos sociales utilizan como muñecos de ventrílocuos para exponer su inconformidad al sistema.

Lea los diferentes discursos de Seatle:

Henry A. Smith. “Chief Seattle Speech”. Seattle Sunday Star Newspaper. 29 de octubre de 1887

Ted Perry. “Chief Seattle Speech: The earth is precious”. 1971

  1. Ted Perry. “Chief Seattle Speech: The earth is precious” (1971).
  2. Denise Low. “Contemporary Reinvention of Chief Seattle: Variant Texts of Chief Seattle’s 1854 Speech” en American Indian Quarterly, Vol. 19, No. 3 (Summer, 1995), pp. 407-421.
  3. Ibíd
  4. Henry A. Smith. “Chief Seattle Speech”. Seattle Sunday Star Newspaper. 29 de octubre de 1887