Howard Zinn fue un activista e historiador social estadounidense cuyo trabajo se centró principalmente en hacer una historia desde abajo de los Estados Unidos, tratando diferentes temas como la raza o la clase. Recientemente, Kim Hendren, el Representante de Arkansas, propuso un proyecto de Ley para que la obra de Zinn sea prohibida en los colegios públicos. No es la primera vez que esto sucede en los Estados Unidos y, probablemente, no será la última. Sin embargo, en ocasiones anteriores la noticia no preocupaba tanto. Hoy, en cambio, es diferente. Donald Trump, como nuevo presidente de los Estados Unidos, es una figura que se ha caracterizado por protagonizar grandes polémicas gracias a sus fuertes políticas migratorias, ambientales o de salud. Esto ha comenzado a legitimar actitudes xenófobas, violentas y radicales que, para muchos, son solo el principio de algo peor. Entonces, el proyecto de Ley de Hendren parece ahora más viable y duradero. Incluso, me atrevería a decir que el ambiente educativo —en general— en los Estados Unidos parece tornarse oscuro. En ese sentido, debemos preguntarnos, ¿cuál es el papel de la historia en la educación?, y ¿por qué deberíamos preocuparnos por la prohibición de Zinn en Estados Unidos?

A través de esos discursos, narrativas y memorias idealizadas se ha invisibilizado el papel de la mujer, de los indígenas, de los negros, de los inmigrantes y de los obreros en la historia estadounidense. Una historia y unos actores que Howard Zinn rescata, redime y reivindicaAntes de comenzar con el ‘problema’ de Zinn, quisiera detenerme brevemente en la primera pregunta. Se ha dicho ya repetidas veces que la historia es una herramienta clave para comprender nuestro presente, nuestra sociedad y cómo ésta se ha ido construyendo y cambiando a lo largo del tiempo. Sin embargo, como sugiere Marx en la onceava Tesis sobre Feuerbach, no se trata sólo de comprender el mundo sino también de transformarlo. Podemos decir que la historia, entre otras cosas, “nos ofrece la vía para cambiar el futuro a partir de la transformación de lo que se ha pensado sobre el pasado. Esto indica que, en esencia, la historia es un ejercicio político de interpretación crítica del pasado”. Entonces, la educación, a través de la historia (y otras disciplinas), tiene como objetivo la formación de sujetos críticos, sujetos que entiendan cómo su propio contexto llegó a ser y, sobretodo, que sean conscientes de que puede cambiar. Como diría uno de mis profesores de filosofía: debemos ser conscientes que este no es el único, ni el mejor de los mundos posibles.

En ese sentido, como bien se expresa en la primera editorial de esta revista, “nuestro oficio no puede significar un rechazo a la interlocución con la sociedad y la realidad actual. La historia no puede estar únicamente en (…) esos manuscritos iluminados que llamamos artículos académicos, publicados en revistas indexadas. Los historiadores deben pasar al estrado público y rendir declaración sobre las raíces del presente”. Así, debemos encargarnos de desnaturalizar aquello que nos parece natural y recordar problemáticas que han caído en el olvido.

Pues bien, Howard Zinn ilustra bien aquello que se acaba de mencionar. Como se dijo al inicio de esta columna, este historiador social se aproxima a la historia de los Estados Unidos desde una perspectiva “poco convencional”. El título de lo que sería su obra más importante, con más de dos millones de copias vendidas, ya nos arroja pistas sobre la manera en la que él concibe el pasado: A People’s History of the United States. Precisamente, parafraseando al New York Times. Zinn se enfocó, entre otras cosas, en el papel del nativo durante la conquista, en el movimiento por los derechos civiles y en los problemas que enfrentó la lucha de los más desfavorecidos.

Creo que acá radica, en parte, la importancia de Howard Zinn. Se ha tendido en los Estados Unidos, no sólo en la academia y en discursos “oficiales”, sino también a través de una narrativa paralela muy fuerte (como en Hollywood y en la televisión), a presentar una historia idealizada del país. Lo que se muestra es la manera como se hubiera querido que fuera la historia, no como “en realidad” fue. Se habla de la Constitución, de los Padres Fundadores, de Teodoro Roosevelt, de Lincoln o incluso de los héroes de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial, como si fueran elementos y figuras sagradas. Sin embargo, se ha olvidado que la historia es mucho más compleja que eso: “nuestra nación -diría Zinn- ha pasado por un montón y aun así los libros de texto ofrecían la misma glorificación nacionalista fundamental del país”1. A través de esos discursos, narrativas y memorias idealizadas se ha invisibilizado el papel de la mujer, de los indígenas, de los negros, de los inmigrantes y de los obreros en la historia estadounidense. Una historia y unos actores que Howard Zinn rescata, redime y reivindica. Una historia contada desde abajo y que muestra lo implacable y violento que puede ser olvidar el pasado. Una historia que, en estos tiempos de grandes preocupaciones e incertidumbres, vale la pena recordar constantemente. Entonces, ¿qué mejor momento si no este para (re)leer, de forma crítica, a Howard Zinn?

No sólo nos muestra Zinn la importancia de entender y recordar el pasado desde otra perspectiva, sino que evidencia también la importancia de ser un sujeto crítico. Su prosa clara, pero seria, ha hecho que sea uno de esos historiadores que se leen ampliamente por fuera de la academia. Sin ocultar su postura ideológica de “izquierda” y sus grandes influencias marxistas, al llegarle a gran cantidad de gente, Zinn aboga o predica la autonomía del pensamiento. Ésta cita ilustra bien lo que quiero decir:

Piensa por ti mismo. No creas en lo que la gente de arriba te diga. Vive tu vida. Piensa tus propias ideas. No dependas de sabios. No dependas de los Padres Fundadores, de Andrew Jackson, de Teodoro Roosevelt, de Lyndon Johnson, de Obama. No dependas de nuestros líderes para hacer lo que debe hacerse. Porque cada vez que el gobierno ha hecho algo para cambiar, lo hace sólo porque es empujado y provocado por los movimientos sociales, por gente ordinaria que se organiza2.

De todas maneras, los constantes intentos por parte de los republicanos por prohibir la obra de Zinn en los colegios públicos son señales tímidas, pero muy dicientes de un macarthismo que se rehúsa a morir. Los “conservadores” temen que el otro, el distinto, tome consciencia y se organice. Así pues, la mejor manera de evitar el surgimiento de sujetos críticos y producir sujetos obedientes es a través de una reforma educativa basada en la censura de cierto material.

los constantes intentos por parte de los republicanos por prohibir la obra de Zinn en los colegios públicos son señales tímidas, pero muy dicientes de un macarthismo que se rehúsa a morirDel mismo modo, me gustaría terminar resaltando que el debate de la educación, y el del papel que debe tener la historia en ella, no es importante sólo en los Estados Unidos. Si bien allá debe pensarse con cuidado el tema del pensum académico, en Colombia tenemos aún más trabajo por hacer. Por ponerlo en términos algo caricaturescos, creo que la eliminación de la cátedra de historia en los colegios —hace ya casi treinta años— y la unificación de la geografía, la historia, la economía, la antropología y la sociología en una sola clase de Ciencias Sociales, es una de las muchas razones que permiten explicar la amnesia colectiva que se ha apoderado del país. Además, la poca historia que se alcanza a tocar en esa clase de Ciencias Sociales es una que, por lo general, se caracteriza por su falta de crítica; normalmente se habla solo de hechos y de personajes importantes, haciendo a un lado debates y problemas que son fundamentales. Mientras continúe este vacío, estaremos condenados a ignorar y olvidar la diversidad y la complejidad cultural de nuestro país, sus conflictos sociales internos y nuestra propia historia.

  1. Howard Zinn, Historian, Dies at 87. The New York Times. Consultado el 9 de marzo de 2017: http://www.nytimes.com/2010/01/28/us/28zinn.html
  2. “Banning Books is Back in Style”. Boyers & Company. Consultado el 9 de marzo de 2017 de: http://billmoyers.com/story/banning-books-back-style/